miércoles, septiembre 28, 2022
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En lo económico liberal: El temor a ser libre

Carlos E. Gálvez Pinillos, expresidente de la SNMPE.

Desde hace mucho tiempo, vemos en el Perú y el mundo entero, un temor increíble a ser libre, especialmente en lo económico. No faltan los idiotas, a quienes, supongo les sonará más musical o agresivo, llamar “neoliberales” a quienes creen que los mercados funcionan y claro, se llaman progresistas, cuando son absolutamente liberales para todo, menos para lo económico. Ahí sí se les acaba la libertad.

Por décadas hemos tenido gente pregonando desde las universidades, calles y plazas, que debemos ser más socialistas o simplemente socialistas. Tenemos miles denostando y tratando de descalificar a quienes, en base a imaginación, capacidad intelectual, trabajo fuerte, perseverancia y sin duda, una cuota de suerte, han tenido logros, alcanzado sus metas y el éxito que todos anhelamos.

No todos han sido metódicos, cuidadosos y perseverantes en el trabajo duro, para generar sus ingresos, ni ahorradores, con la finalidad de, postergando la satisfacción de sus gustos inmediatos y de corto plazo, tener la capacidad de invertir esos ahorros, para generar riqueza, crear oportunidades de trabajo para sus semejantes y en el largo plazo, disfrutar de la acumulación del valor creado por el empeño conjunto de trabajo, inventiva y capital.

Cuando uno lee y escucha la forma en que la izquierda quiere regularlo todo, no queda más que recordar lo que Milton Friedman decía, que “el socialismo es siempre y en todo lugar un fenómeno totalitario”.

Obviamente, reclaman la búsqueda de la igualdad, sin tener claro en sus mentes, que la democracia es igualdad ante la ley. Pero no, ahora quieren leyes distintas y tratamientos diferenciados, en función del origen étnico, calificación de pueblos originarios o peor aún, si se han adscrito a algún movimiento “ronderil”.

El concepto de liberal, es uno que implica dos caras de una misma moneda: Exigencia del respeto a la libertad del individuo y la auto imposición de tanta responsabilidad, como libertad se demande.

No es secreto para nadie, que la izquierda es por naturaleza populista y lo más fácil en la vida, es ser un populista de izquierda. Ofrecer que el Estado resuelva y dé todo lo que los individuos anhelan, sin tener que esforzarse, sin sacrificio especial. Hacer creer que el Estado se sacrificará y hará todos los esfuerzos por resolver los dramas de los más pobres, sin reconocer que, el sacrificado es el contribuyente.

Ya tenemos claro y demostrado con evidencia empírica, que los que llegan al gobierno con mensajes socialistas, toman ventajas personales que, inmediatamente los beneficia, sin pudor alguno. Veamos si no lo ocurrido en el primer año de “gobierno” de Castillo, al punto que su círculo más cercano de familiares y colaboradores de más alto nivel, ya son fugitivos de la justicia.

Franz Oppenheimer decía que hay dos formas excluyentes de obtener riqueza. La primera, por “medios económicos”, esto es, creando valor con conocimiento, producción de bienes y servicios e intercambio comercial. Para eso, debe usar su mente, su energía y capacidad física, para crear bienes y servicios (producción) y comercializar esos bienes (intercambiarlos). Mediante esta actividad, realizada de manera sostenida, el ser humano aumenta y mejora el nivel de vida de los participantes de esa dinámica.

La segunda es muy simple, pues no requiere productividad y es el método de la captura de los bienes o servicios de otros, por medio de la fuerza. Como explica Javier Milei, es el método de la confiscación unilateral, al que Oppenheimer llamó “medios políticos” hacia la riqueza.

El uso pacífico de la razón y la energía para la creación de valor, es el camino natural del hombre. Lo otro, esto es, los medios coercitivos y explotadores, son contrarios a la ley natural. Y continúa Milei diciendo que, los “medios políticos” desvían la producción hacia un individuo o grupo parasitario.

Lo antes dicho, describe a las claras el fenómeno que estamos viviendo en el Perú de nuestros días. Un universo de gente que actúa al margen de la ley, invade terrenos, ejerce la tala ilegal, realiza tráfico de drogas, transporte público con deudas millonarias en papeletas por infracciones de tránsito, sin seguros que cubran daños a terceros o simplemente, bloqueando carreteras o ejecuta extracción ilegal de minerales, invade concesiones mineras para enriquecerse parasitariamente, extrayendo valor, producto del esfuerzo de otros, al margen de destruir valor para toda la nación.

No deben tener temor de ser definidos como capitalistas, aquellos que creen y actúan en un sistema de libertad, justicia y producción, pues el hombre sólo puede ser moral, cuando es libre de escoger entre el bien y el mal. Sólo siente que es tratado con justicia, cuando puede elegir entre el bien y el mal y puede decidir, a su riesgo, qué producir y cuando tiene libertad para obtener y conservar el fruto de su trabajo y esfuerzo. En este juego, aparece la significancia de los precios, señal fundamental de la economía de mercado, la misma que permite al hombre la indicación de qué debe producir y qué no.

En esta línea, los que creen en el control de precios, normalmente impulsados por la izquierda, destruyen las señales del mercado e impactarán tanto la oferta como la demanda. Quienes lo hacen, creen que hay en eso un criterio altruista, sin darse cuenta que las reglas del mercado y los precios, son en esencia un pacto social.

Sugiero que regresemos a la esencia de las instituciones del capitalismo:

  1. Respeto absoluto a la propiedad privada.
  2. Mercado libre: Libre disposición de la propiedad, para transferirla o seguir produciendo.
  3. Libre competencia: Fuente esencial para incorporar o eliminar ofertantes al mercado.
  4. División y combinación del trabajo.
  5. La sociedad es acción concertada y cooperación, pues es la combinación de los individuos para el esfuerzo cooperativo.

Finalmente, unas palabras sobre los monopolios.

Muchos aseguran que, “es malo per se”, sin ponerse a pensar que, el monopolio sólo es malo cuando es impuesto. De no existir la imposición, la respuesta es que nadie entra al mercado a romper tal monopolio por una de dos razones: (i) No tiene un producto o servicio de mejor calidad para reemplazarlo. (ii) No es capaz de ofrecer el mismo bien o servicio a menor precio.  

Recordemos a la Compañía Peruana de Teléfonos, era imposible conseguir una línea telefónica por años, daba un pésimo servicio y este era carísimo. Cuando entró la telefonía celular, se acabó el monopolio y todos sus excesos.

Por otro lado, hoy que estamos en la era digital, todos los días se crean “startups”, con oferta de servicios nuevos y diferenciados de lo existente. Estos son monopolios, pero todos sabemos que la capacidad creadora e innovadora del mercado les puede quitar el “reinado”, si no se mantienen absolutamente competitivos en calidad y precio. ¡Viva el libre mercado!

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