martes, mayo 17, 2022
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Incendiando la pradera: Ay Aníbal

Carlos E. Gálvez Pinillos, expresidente de la SNMPE.

En las últimas semanas, hemos conocido a un locuaz primer ministro, hablando en cada localidad donde se reunía el gabinete, respecto a Hitler, Mussolini y Marx. Es claro que el señor Torres ha tenido, en sus años de estudiante, curiosidad histórica y atracción por la imagen y rasgos de personalidad de esos personajes, al punto de pretender resaltarlos ahora, como modelos a seguir.

Han quedado también claras, sus inclinaciones por parlotear sobre ellos, sus acciones en el pasado y por relacionarlos con lo que le gustaría aplicar de ellos en estos tiempos del Perú.

Hablando de personajes del pasado, viene a la memoria Nerón, de quien cuenta la historia, le gustaba el arte y obligaba a sus senadores a escucharlo durante horas mientras él recitaba sus poemas. Aquí y ahora, a nuestro Aníbal, a quien le encanta escucharse así mismo, se le ha ocurrido que como a él le gusta hablar de Hitler, Mussolini y Marx, todos los peruanos debemos escucharlo, tan atentamente como los senadores a Nerón, en sus buenos tiempos.

Si observamos a nuestro premier, podemos encontrar en él ciertos rasgos de personalidad algo desajustados y parece que debiéramos analizar si esto obedece a un rasgo propio de su avanzada edad o al fenómeno que se ha identificado en el pasado, respecto de aquellos que de súbito les ha llegado una gran cuota de poder. Hay quienes se imaginan que, al acumular tanto poder, nadie puede negarles nada. Normalmente tienen mucho personal a su servicio y dispuestos a cumplir hasta las órdenes más absurdas. Quienes han analizado el tema, encuentran que por eso “el poder se le sube a la cabeza”, tal como les ocurrió a muchas personalidades de la realeza en la antigüedad.

Según Genial.guru, para quienes se sentaron en el trono, ese hecho les “significó el principio del fin de su cordura” y que, quienes los conocieran, debían tener mucha suerte para permanecer vivos si se atrevían a cuestionarlos. Genial.guru concluye que, “el poder puede volverte loco”.

¿Algo de eso está ocurriéndole al señor Torres? Pues, después de ser un abogado reconocido en los claustros universitarios y haber desarrollado una actividad profesional aceptable, ha empezado a tener ciertos exabruptos como el de “a mí no me vas a atarantar muchachito tonto”, refiriéndose a un periodista que lo entrevistaba. Sin embargo, ese que fuera uno de los primeros indicadores, ha sido seguido de otras manifestaciones que, no me atrevo a atribuirlas a demencia senil, o a cierto grado de locura proveniente de su posición de poder o una mezcla de ambas.

Entre alabar la política económica de Hitler, con un irrespeto absoluto a las víctimas del genocidio e ignorando el rechazo de Alemania e Israel o decir que “los ladrones que robaron en gobiernos anteriores promueven la vacancia porque perdieron la mamadera” o la respuesta a la prensa, diciendo que “como no se puede por ley, voy a hacer que salte la pared…” o entre otras perlas, atreverse a decir que “correrá mucha sangre” si la oposición imponía el concepto del fraude electoral. Finalmente, y sólo para recordar algunas perlas, cuando se refirió a la opinión del Presidente del BCRP respecto a una norma para limitar las tasas de interés, diciendo: “sólo porque este gordito dice cualquier disparate, entonces es verdad” o referirse en una entrevista respecto a Monseñor Barreto como un miserable de ultra derecha, al igual que el señor Max Hernández del Acuerdo Nacional.

Lo preocupante es que, en estos momentos, el Perú estaría en manos de un ignorante funcional y de un orate, quienes toman algunas decisiones o dejan de tomarlas, sabe Dios con qué criterios.

Será mejor que lo averigüemos y muy pronto, pues en estos nueve meses las estructuras del Perú se están destruyendo en medio de un desconcierto absoluto.

  • Por un lado, quieren subir impuestos para aumentar la recaudación, pero simultáneamente tenemos dos de las principales minas de cobre del Perú paralizadas (20% de la producción) sin que el gobierno haga nada,
  • se aumenta la remuneración mínima vital sabiendo que eso impide la formalización de más del 90% de los trabajadores que hoy están fuera de planilla,
  • se permite el retiro de fondos de pensiones, sabiendo que no habrá cómo solventar la vejez de esos futuros pensionistas,
  • se quiere cambiar de cualquier manera el código de trabajo
  • y eliminar la tercerización de trabajos especializados, con lo que retrocedemos en competitividad.
  • Aníbal lanza discursos que dividen y confrontan entre regiones y Lima,
  • llama a la población a levantarse para eliminar la subsidiaridad del Estado en la economía,
  • quiere que Petroperú invierta en grifos para “bajar los precios” y que invierta en exploración petrolera, entre otras tantas locuras.

Dejan que la economía se destruya, pero exige “que las empresas cumplan con pagar sus impuestos”. Y finalmente, se ha atrevido a decir que la falta de pasaportes “es porque no quieren que los que tienen plata viajen”.

¿Quién los entiende? Creo que tendremos que hacerlos ver por un buen psiquiatra.

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