Por Germán Alarco, profesor e investigador a tiempo completo de Pacífico Business School de la Universidad del Pacífico. 

El sector minero es relevante para la economía peruana. Los impactos económicos a nivel nacional son significativos en cuanto a la aportación de divisas; pero menores en la contribución al empleo por su elevada intensidad de capital y la tributaria es cada vez menor por su inadecuado tratamiento fiscal. A nivel regional y local las evidencias y percepción ciudadana son menos positivas, lo que exige urgentemente un nuevo contrato social minero. Desafortunadamente, la producción y nuevos proyectos mineros se están concentrando en la última década en la producción de cobre respecto de otros productos. No es un hecho positivo. Recientemente, el Banco Mundial (29 de octubre, 2019) presentó sus proyecciones hasta el 2030 para este y otros productos. Al respecto, 2019 cerraría con una caída promedio real del 9.7% respecto de 2018. De ahí en adelante, la contracción real sería del 4.4% hasta 2030.

En el largo plazo, entre 2008 y 2018, la producción anual de cobre ha crecido en 3.1% anual mientras que la demanda lo hizo a una tasa ligeramente superior al 3% anual. Sin embargo, el problema se vislumbra más claramente en el último quinquenio de menor crecimiento mundial (2014-2018) en que la producción global creció al 2.9% anual y la demanda solo al 1.1% anual. El desbalance es claro explicando la caída de sus precios internacionales.

Lamentablemente, en ese periodo de menor crecimiento en la demanda mundial el Perú ha sido una fuente importante de incremento de la producción. Entre 2014 y 2015 nuestra contribución fue de 323,000 TM.; y entre 2015 y 2016 de 653,000 TM a la par que los precios reales a nivel internacional cayeron 18.3%. En los años siguientes en que nuestra producción se mantuvo más o menos constante el precio creció ligeramente en términos reales. Más del 60% de la cartera de proyectos del sector minero al 2018 se encuentra orientada hacia el cobre. La producción adicional sería de 2´841,100 TM que duplicaría nuestra producción por encima de los 5 millones de TM anuales. Los proyectos más grandes serían Las Granjas, Haquira, Quellaveco, Michiquillay, Rio Blanco, entre otros.

Es urgente diversificar la producción minera. Hay buenos prospectos en el Litio (cuyo precio entre 2014 y 2018 subió de US$ 6,690 a US$ 17,000 por TM) y otros elementos raros con expectativas positivas para el futuro, con una escala de producción menos agresiva al territorio y más aceptable socialmente. Asimismo, no debemos olvidar que la elasticidad precio del cobre es más elástica por sus mayores sustitutos del acero, aluminio, titanio, productos plásticos y el reuso de desechos. Una mayor producción con menores precios reales puede tener sentido financiero para los productores, pero aporta menos al gobierno nacional, regional y locales.

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